La historia es así, es literal. Natalia López Echavarría estaba cansada de vender minutos en el Parque de San Antonio y de hacer aseo en viviendas de Laureles, y decidió “dar el brinco”. Salió a caminar por Guayabal, vio el letrero de Codiplax y tocó la puerta: “Quiero trabajar acá en lo que sea”.
Estaba desesperada, asegura. Eso fue hace ocho años. Quería darle una mejor calidad de vida a su hijo Emanuel, quien tenía 8 años en esa época, y a su mamá Consuelo, que debido a una enfermedad no pudo seguir trabajando en labores domésticas.
En Codiplax le abrieron la puerta y la dejaron entrar. Le preguntaron qué sabía hacer. Le sirvió una experiencia previa que tenía sellando bolsas de plástico, aunque no poseía ningún conocimiento técnico. Fue el comienzo de una transformación personal y profesional que ha hecho a pulso, con esfuerzo y sacrificio.

Su historia
La primera que creyó en su historia y confió en ella fue la gerente administrativa, quien la escuchó y le asignó una cita con el director de operaciones. Este la ubicó en el manejo de una selladora automática.
Luego pasó a ser auxiliar de calidad y producción. Sus aptitudes y actitudes la hacían sobresalir. Uno de los jefes de la empresa, Juan David Uribe, la llamó a una entrevista porque le habían hablado muy bien de ella.
Llegarían más oportunidades. La siguiente fue como coordinadora de impresión. De nuevo Uribe confió en sus capacidades.
Allí estuvo tres años, y ahora está encargada de la planeación de un proyecto en el que la empresa se está alineando con los desafíos tecnológicos de la modernidad.
“Mi hijo ha hecho posible mi esfuerzo, las ganas de luchar por él para darle un mejor bienestar”.
Natalia López Echavarría.
Natalia ha podido mejorar sus aptitudes con estudio. Comenzó una técnica en producción industrial en Compuedu y realizó una tecnología en coordinación de medios impresos en el Sena.
Natalia es dueña de una energía que valora sus capacidades. Las circunstancias de su vida la han fortalecido y ella las ha convertido en un impulso positivo.
Cuando comenzó a laborar en Codiplax hubo momentos en que debía combinar tres facetas: mamá, empleada y estudiante. “Yo salía de la casa a las cinco de la mañana y regresaba a las diez de la noche. Me iba con el niño dormido y cuando volvía estaba dormido otra vez”, rememora.
Es madre soltera y quedó en embarazo siendo muy joven, a sus 16 años, por eso ahora que Emanuel tiene la misma edad, para ella ha sido como un retorno a su adolescencia, la que no pudo disfrutar por tener que sacar adelante a su familia. Lo acompaña a sus partidos de fútbol, conversa con él, gozan juntos tiempo de calidad.
En la empresa ha encontrado el respaldo para poder cumplir con todas sus facetas. “Cuando mi mamá tiene una cita médica o mi hijo una entrega de notas me dan el permiso para poder cumplir con esa responsabilidad, también me permitieron estudiar cuando lo necesité”, comenta Natalia.

Ella sabe que quienes la han visto crecer en la empresa la califican como una “berraca”; incluso un compañero le valoró eso esta semana en una conversación informal: “Me dijo lo era berraca por esas ganas mías de salir adelante, de luchar por mis propósitos, por mi familia, porque como madre soltera me tocó duro empezar al principio”.
Dos sueños, dos metas
Natalia hoy posee dos propósitos en mente: uno aún en planeación, el de convertirse en ingeniera de producción en uno o dos años, calcula; el otro es el de construir su vivienda propia. Este ya va más encaminado, pues adquirió un lote en Calasanz, cerca de donde vive en la actualidad.
Su hijo y su mamá son su prioridad. Consuelo fue un soporte clave cuando ella salía de casa temprano y volvía en las noches. Por eso quiere corresponderle ese apoyo.
También tiene metas laborales. El proyecto tecnológico en el que hoy está embarcada absorbe gran parte de sus energías, pero sabe que conseguirá los logros que se proponga porque así se lo ha demostrado siempre.
Es en la empresa donde tiene su segunda familia, y tal como ocurre con sus parientes, a sus compañeros y superiores Natalia les entrega lo mejor de sí para salir adelante. Por eso hace parte de todos los órganos de seguridad y salud en el trabajo, es brigadista, le encanta servirles a los demás.
“Aquí me lo han dado todo, tengo mamá, papá, hermanos, todos nos complementamos. Los dueños son una familia y por eso es tan fácil acceder a ellos”.
Natalia, todo un ejemplo de superación y constancia.


