Mark Cavendish, el ruido emocionante de la tercera etapa del Giro

Mark Cavendish
Mark Cavendish. / FOTO: GIRO DE ITALIA.

Terminó el piccolo Giro de Hungría, la coda, podría decirse, de la gran corsa rosa, que ahora transitará hacia el sur de la ‘bota’, lo que recuerda un breve pasaje de un poema de Edren Ady: “El viento zumba al calor y se interna hacia el sur; hacia el sur nos aguardan, nos aguardan en algún lugar del rumor del mar”.

Antecedente: Golpe de autoridad de Simon Yates en el Giro de Italia

Ady, que nació a finales del siglo XIX y murió en la segunda década del XX, fue uno de los primeros demócratas húngaros, un modernizador desde el arte que, de seguir vivo, sentiría bochorno de su propio país, subyugado por el ultraderechista Viktor Orban, quien desde que se consolidó como Primer Ministro espantó el Turul, esa gigantesca ave que, según cuenta la leyenda, vive en la cima del árbol de la vida y cuida de las almas perdidas. Y quiénes más perdidos que los migrantes, que los refugiados, despojados de sus patrias y sus madres.

Pero Orban se niega a recibirlos, acostumbrado a las fortalezas desde que era niño, pues nació en Székesfehérvár, ciudad conocida como ‘Castillo blanco’. Y mientras el líder del Fidesz se vanagloria por proteger a su patria de los ‘sin madre’, se limpia la cara, en pleno día de las madres, con la fiesta del ciclismo.

La carrera

Tres etapas y más de 410 kilómetros a lo largo de esas llanuras limosas repletas de robles, tilos y hayas donde predominan las cavernas, los castillos y los templos antiguos que traen hondas memorias de guerras y de imperios, pues allí se asentaron durante siglos, bizantinos y otomanos.

Y de Hungría se va vestido de rosa Mathieu Van der Poel, el capitán del Alpecin Fenix, quien no compareció en la meta de la tercera etapa, entre Kaposvar y Balatonfüred, sobre 201 kilómetros.

El neerlandés, nieto de Raymon Poulidor, se guardó entre sus compañeros y no arriesgó el cuerpo en la batalla de guepardos. Quizás por eso ganó Mark Cavendish, el gran maestro de los sprint, quien ayer celebraba cinco mil días desde su primera victoria como profesional, en el Tour de Irlanda de 2008, y lo hizo ganando su etapa 16 en el Giro, su número 160 en su impecable historial.

La esperanza en Gaviria

El antioqueño Fernando Gaviria, del UAE, lo intentó. Ya había avisado de sus intenciones en el srpint intermedio de Nagykanizsa, donde pasó cuarto, después de los tres fugados, y por delante de Arnaud Demare, el incombustible francés del Groupama FDJ.

El argentino Richeze abrió la brecha para que Fernando se luciera, pero el colombiano no se despegó del sillín de Van der Poel, quien hoy no iba a disputar nada de nada, y sólo protegía su posición de líder. Cuando reaccionó, Morkov ya había catapultado a Mark hacia la victoria, y el de La Ceja, a pesar de su esfuerzo, no pudo alcanzarlo. Demare, quien sí reaccionó a tiempo, terminó segundo, dejando a Gaviria anclado en el tercero.

No es un mal resultado para el paisa, pues al menos demostró que está fuerte, y que tiene velocidad. De acá hasta Verona, si no se enferma, tendrá nuevas oportunidades, aunque su equipo, el UAE, tiene otras prioridades y poco le ayudará a resistir. Lo de Gaviria, incluso con Richeze, es una batalla en solitario.

Las emociones

El romance con los magiares llegó a su fin con una etapa larga y sosa, casi gris, aunque por pueblos blancos, con playas blancas y fachadas blancas. El pelotón recorrió los 201 kilómetros siguiendo siempre la estela de los tres fugados: Mattia Bais, Filippo Tagliani, ambos del Androni; y Samuele Rivi, del Eolo. Los tres se escaparon a 50 metros de la salida, y no volvieron a mirar atrás, dieron un concierto de soledad y aventura, un monólogo largo y de bostezo, como el “Microcosmos” de Bela Bartok.

Un guión repetido, desde el año pasado, y con los mismos intérpretes: Bais y Tagliani, y Rivi de cuando en cuando. En 2021 acumularon más de 800 kilómetros en fuga, y en este 2022, tan lejano de la pandemia, suman 353 Bais y 340 Tagliani, generándole a los patrocinadores del equipo una incalculable publicidad.

Hoy les convenía evadirse del régimen del lote, porque hoy el camino se les parecía mucho a Brescia, y a Verona, ciudades que abrazan el hermoso lago de Garda, donde ambos crecieron montando en bicicleta. Bais en Gavardo y Tagliani en Rovereto. Tuvieron compañía en Rivi, aunque el grandote del Trento poco les habló durante el largo camino. Al final, los tres fueron engullidos por el lote, pero nadie les quitará “lo bailado”.

Después de la lentitud contemplativa de Bartok, la carrera se subió al pentagrama de Franz Liszt y se hizo más rápida y emocionante. Tanto como la vida del peludo compositor húngaro, quien competía con Chopin por los pianos y los amores fugaces de las tabernas.

Después de sortear a los fugados, el pelotón siguió rodeando el hermoso lago Balaton, uno de los más grandes de Europa, en busca de la meta. Eran los kilómetros finales en Hungría y había que despedirse de la gente dando espectáculo. Por eso, los equipos DSM, FDJ y Quick Step tomaron el mando y aceleraron el ritmo.

Sólo se permitió se permitió una salida a express para Rick Zabel y Pascal Eenkhoorn, quienes querían disputar los puntos del último premio de montaña. El joven Eenkhoorn, de 25 años y del Jumbo, ganó la cuesta por delante del alemán del Israel Team, pero no pudo quitarle la maglia azurra.

Fue una etapa en la que predominó el tedio, la soledad, las grandes llanuras, el Art Nouveau y ese lago de ribetes blancos. Y fue “blanco el silencio, blanco manto; y nunca fue el silencio tan grande”, escribió alguna vez Endre Ady.

Clasificación de etapa 3

Hoy, sin embargo, fue más grande el ruido de Mark Cavendish que ese silencio, porque el británico de la Isla de Man hizo sonar su Specialized Tarmac como una estridente guitarra rockera, en un país donde están acostumbrados a los pianos y los violines.

Mañana se descansa en el Giro, y luego el sur, el Etna, la montaña.