Lleva 20 días en la puerta de un hospital esperando a que el amor de su vida le gane la batalla al Covid-19

Alonso Bustamante y Rosalía Restrepo estánunidos desde 1965, cuando se casaron en el municipío de Yrumal./FOTO: CORTESÍA.

Sin un peso en los bolsillos, pero con la esperanza de volver a ver el amor de su vida, Rosalía Zabala Restrepo, de 68 años, Alonso Bustamente Ramírez, un obrero de carreteras de 73 años, desde hace 20 días no abandona la entrada principal de la IPS Universitario Clínica León XIII, de Medellín, donde su esposa, en la Unidad de Cuidados Intensivos de ese centro asistencial, trata de ganarle la batalla al virus del Covid-19.

A pesar de su edad y de haber trabajado como contratista para el Invías en varias carreteras del país, Alonso no alcanzó a jubilarse y aunque dice sentirse con alientos para laborar, hoy está desempleado y todos los días llega a este centro asistencial, gracias a la caridad de la gente y de un hogar de paso que lo acogió en Medellín, porque él y su familia residen en el municipio de Valdivia, Norte de Antioquia.

Contó que todos los días, luego del desayuno llega allí a las 7:00 a.m., se está en la puerta hasta las 11:00 a.m. y se va a almorzar. En la tarde retorna pasadas la 1:00 p.m. y se queda hasta las 4:00 p.m o 5:00 p.m. para volver al hogar de acogida.

“Llevo 20 días así en esta espera, en ese ir y venir, solo esperando en volverla a ver, a sentirla, a besarla. He llorado mucho en esta puerta por su ausencia y solo nos la dejan ver a mí y a mis hijos por videollamadas en las que ella trata de levantar las manos en medio de este montón de aparatos y tubos que tiene en la boca y su cuerpo”, dice Alonso, visíblemente afligido.

“Es muy duro, pero aquí me quedaré hasta que la vea salir por estas puertas, porque es el amor de mi vida y la madre de mis 2 hijos y 2 hijas”.

Alonso habla de su pareja en medio de la nostalgia y los recuerdos se avivan cuando mira las fotos de ella, que lo acompañan en esta larga angustia.

Rosalía y Alonso se juraron amor eterno hace 55 años y solo el Covid-19 logró separarlos, pero Alonso cree que le ganará la batalla a la enfermedad. /FOTO: CORTESÍA.

Sobre lo que le sucedió manifestó que Rosalía desde que empezó la pandemia siempre estuvo encerrada en su casa, ubicada en el sector de Palanquero, en Valdivia. Pero hace unos 22 días salió a las 4:00 p.m. la cogió el agua y le empezó una gripa y le dio mucha sed y empezó a tomar agua helada y como la tos no se le quitaba consultó en el hospital. Allí le hicieron la prueba del coronavirus y salió positiva, por eso la mandaron para Medellín, donde confirmaron el diagnóstico, pero aquí se agravó y la metieron a cuidados intensivos y desde ese momento no la volvió a ver.

Linda historia de amor

Alonso, quien salió negativo en la prueba, se vino para Medellín dejando en Valdivia las gallinas y las codornices que cría su esposa, así como un jardín lleno de plantas que se llenan de flores. Esos “otros amores” quedaron a cargo de una de sus hijas, que vive cerca y se encarga de que los animales ni las matas no se mueran por la ausencia de la dueña del hogar.

“Nos casamos en 1965, en el templo principal de Yarumal, y nos juramos amor eterno y hemos pasado juntos por muchas dificultades, una de ellas la caída de la casa por un deslizamiento, pero aquí estoy respondiéndole a ese amor que pactamos y de aquí con la ayuda de Dios y de los médicos me voy pero con ella viva”, afirmó Alonso.

Comentó que en la tarde de ese miércoles, 26 de agosto, una médica le dio muy buenas noticias. Le dijo que ya le quitaron los tubos que tenía en la boca, le empezaron a dar comida normal y que ya entró en un proceso de mejoría.

“Sí, aquí he llorado todos estos días de incertidumbre viendo las fotos de ella allá en esa cama y de cuando estaba aliviada. En el momento en el que vuelva a encontrarme con ella las lágrimas me van a salir, pero de alegría, porque ella es todo para mí y mis hijos”, contó Alonso.

Antes de dejar de hablar Alonso se lamentó porque a pesar de estar desempleado y de su pobreza no ha recibido los auxilios tan anunciados por el Gobierno nacional para la gente necesitada.

Indicó, con agradecimiento, que solo ha recibido la ayuda del albergue al que lo llevó la misma Clínica León XIII; un mercado que le dio la comunidad de testigos de Jehová y la colaboración de ciudadanos que han conocido su historia en las puertas del centro asistencial ubicado en el norte de Medellín.