La historia macondiana de Los Joaquinillos

Antigua foto de la familia de Los Joaquinillos, los originales y quienes le dieron el nombre al barrio.

Hace más de 110 años llegó a Medellín el señor Joaquín Emilio Restrepo, un vallecaucano que, por algún motivo, tenía sus cuentas con la justicia, aunque nunca comentó nada con la familia, y menos con los amigos que lo querían tanto y que lo visitaban en su “patio”, una especie de fonda que tenía en su casa y en la que se prendían las fiestas más alegres del corregimiento de Altavista y la parte alta de Belén.

Don Joaquín, o Joaquinillo, como solían decirle, fundó un barrio casi que sin darse cuenta. Montó una casona en las cercanías de la quebrada La Mosca y luego sus hijos, sus muchos hijos y nietos, lo imitaron, y entonces todas esas laderas se poblaron de ranchos y nació el barrio Los Joaquinillos, porque casi todos eran parientes del señor Joaquín, un hombre de baja estatura y macizo como un tronco; de pelo trigueño, piel castaña y cachetes redondos.

En este lugar, ahora lleno de casas de material, se ubicaba la casona de Joaquín Emilio Restrepo, don Joaquinillo. /FOTOS: MAURICIO LÓPEZ RUEDA Y CORTESÍA.

“Él, durante un tiempo, huía de la justicia, pero nunca contó por qué. El caso es que aquí hizo que el barrio progresara, sembrando legumbres y café, y permitiendo que muchas familias construyeran en terrenos en las tierras de La Mosca”, cuenta Rocío Restrepo, una de las nietas de “Papito”, como les gusta recordarlo.

Además de colonizador y emprendedor, Joaquín Emilio Restrepo también tenía poderes, o eso dicen los testigos de esas épocas ya lejanas.

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“Bajábamos desde El Manzanillo para estar en las fiestas en el patio de Joaquinillo, y a veces, cuando queríamos volver a nuestras casas, él nos atajaba y nos decía que no, que todavía no nos fuéramos.

“Algunos insistíamos y nos íbamos por pura rebeldía, pero entonces el camino se nos perdía o la vista nos fallaba. Un día un amigo empezó a darse topetazos contra un árbol de mango, y únicamente volvió en sí cuando lo devolvimos a la casa de don Joaquín. Entonces él nos decía muy serio: ‘Se los dije, que no se fueran todavía’”, narra don Toribio, de 82 años de edad.

También se convertía en un racimo de plátanos cuando la policía lo perseguía para agarrarlo, y de algún modo conocía saberes paganos, con los cuales cuidaba a sus amigos o mejoraba las siembras.

El duro estigma

Los Joaquinillos es un barrio pequeño repleto de callejones y escalinatas estrechas. Colinda con Belén Rincón y el sector de El Ñeque, y también con el prestigioso barrio El Rodeo.

Hace unos 50 años se murió don Joaquín, atormentado por varias enfermedades. Algunos dicen que le echaron un maleficio, y que por eso le salían gusanos de los pies. Lo cierto es que fue un hombre muy alegre y emprendedor, al que sólo le gustaba la gente trabajadora.

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Hoy día, el nombre de Los Joaquinillos está asociado a un grupo delincuencial que, durante décadas, se ha enfrentado a los combos de el Ñeque y Belén Rincón.

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Hace poco, la Policía capturó a uno de sus supuestos cabecillas, alias Nuso y, dentro de poco, otro presunto jefe, alias Giovanni, saldrá de la cárcel y las autoridades temen que regrese a los Joaquinillos para reiniciar el conflicto con los combos vecinos.

Algunos líderes y lideresas están tratando de reconstruir la memoria histórica de Altavista, y particularmente de Los Joaquinillos, para rescatar ese nombre como algo positivo, y no como una referencia a los jíbaros y sicarios de la zona.

Para ello, además del esfuerzo de la comunidad, también es necesaria la inversión de la Alcaldía, porque tras más de un siglo de vidas y de historia, en Los Joaquinillos no hay capilla ni escuela ni parques, y los niños tienen que improvisar o arriesgarse a ir a las canchas de los barrios vecinos, donde a veces suelen ser blancos de las balas enemigas.

Iniciativa

En la vereda El Manzanillo, de Altavista, están construyendo un museo de la memoria, para recuperar la historia del corregimiento y de algunas importantes familias, como Los Joaquinillos, fundadores de un barrio y quienes hacen parte no sólo de la historia del corregimiento, sino también de su mitología.

Los actuales sobrevivientes de la familia piden a las autoridades limpiar su nombre y, más bien, invertir en el barrio, que no tiene ni escuela ni parques para sus niños, ni tampoco proyectos de emprendimiento y estudio para los jóvenes.

Mauricio López.