“Hay que ponerse en el lugar de la otra persona”

Se considera tímida e introvertida, por eso quizá nunca pensó que algún día estaría al frente de un grupo de personas, orientándolo e indicándole lo […]

Ángela vive en La América y tiene dos hijos: Cristian Camilo, de 22 años, y Miguel Ángel, de 12. /FOTO: EDWIN BUSTAMANTE.

Se considera tímida e introvertida, por eso quizá nunca pensó que algún día estaría al frente de un grupo de personas, orientándolo e indicándole lo que debía hacer. De hecho no estaba en sus planes, se veía más en una oficina concentrada en sus labores, pero el destino, o mejor, el ejemplo que brindaba con su buen desempeño en las áreas donde estuvo, la llevaron por otro destino.

Ángela tiene 40 años y desde los 10 vive en Medellín. Llegó por cuestiones familiares desde Pereira, y aquí terminó su formación educativa. Se graduó como bachiller y realizó una técnica en Contabilidad Sistematizada en el Censa. Luego comenzó a estudiar una tecnología en Administración Financiera, pero el impulso le alcanzó hasta el tercer semestre, pues ingresó en Districóndor -hoy Madecentro- en 2010, y al ser madre soltera de 2 hijos, el tiempo no le daba para todo.

“Valoro mucho la estabilidad de la empresa, se preocupa por los empleados y nos presionan para que estudiemos, tengamos casa propia”.

En la empresa inició como asistente documental en la bodega de la ferretería, en la sede de El Chagualo. Una persona conocida le hizo el favor de entregar su hoja de vida, y al tiempo la llamaron para una entrevista, con la fortuna de ser seleccionada. Por su manos pasaban todas las facturas, el control de inventarios y otras actividades similares.

Ser jefe sin esperarlo

Un día el jefe de la bodega pasó a otro cargo y el puesto quedó vacante. Tras buscar al candidato ideal por otros lados, la empresa pensó en Ángela para que asumiera esa responsabilidad, algo inesperado para ella pues estaba más enfocada en el área contable.

“Yo no me sentía preparada, tampoco me había postulado, nunca había manejado personal y ahora me tocaba estar a cargo de unas 20 personas, pero quedé. Fue muy importante conocer a todo mi equipo, con sus integrantes trabajaba todo el tiempo, con el apoyo de ellos fui avanzando y me fue superbien”, dice.

Fueron 3 años de aprendizajes y retos que Ángela superó, cumpliendo las expectativas de la empresa. En este tiempo aprovechó para ampliar sus conocimientos y cursó una tecnología en Gestión Logística en el Sena.
Sin embargo, con la fusión de Districóndor con Madecentro, la bodega de ferretería pasó a estar bajo el mando del almacén de Yumbo, Valle, y ella se postuló para ser administradora supernumeraria, asumiendo la responsabilidad de liderar el punto de venta de la sede de Belén, en la que se encuentra en la actualidad.

¿Qué la emociona?

“La manera en la que mis jefes me dicen que hago bien mi trabajo me llena de emoción y motivación, y por fortuna me pasa mucho. ‘Como estás haciendo de bien tu trabajo’, afirman. Eso genera satisfacción”.

¿En qué piensa cuando cierra la bodega y sale del trabajo rumbo a casa?

“Salgo satisfecha y tranquila por haber cumplido los objetivos del día, que solucioné todas las cosas. No pasa siempre, hay veces que salgo pensando en qué voy a hacer con un problema, pero no lo hago estresada”.

Sus aprendizajes en el trabajo

  • “Manejar personal. Yo he sido muy tímida e introvertida, era algo complicado para mí, pero me ha ido bien, no lo he hecho sola sino con el apoyo de mis jefes y de mi personal”.
  • “Estudié logística para meterme en el cuento de la empresa y me gustó mucho. En realidad nunca me veía en este campo, pero me encantó”.

Su consejo

“Ponerse en los zapatos de la otra persona. Antes de ordenar o juzgar, hay que conocer a la gente. Somos rápidos para juzgar y decir si una persona no sirve, pero ¿por qué no? ¿Será que necesita otra cosa? Hay que entender su realidad, por qué no funciona, qué problemas tiene”.

Sebastián Aguirre Eastman.