Tras haber sido criado en un inquilinato del barrio Lovaina, de convivir durante toda su infancia y parte de la adolescencia junto a jíbaros y prostitutas, y de que la violencia que azotó a Medellín en los años 80 le arrebatara a un hermano y a la mayoría de amigos con las que creció, Pedro es enfático: “Le debo la vida a Compañía de Empaques”.
Lea también: “Por mi trabajo cambié mi casa de tablas por una de material”: Albeiro Góez.
Su historia habría sido otra si hace 35 años la empresa no le hubiese acogido ni dado las oportunidades que tuvo en este tiempo.
Hoy, cuando describe su casa propia de 40 metros cuadrados en el barrio El Salado de la comuna 13, en la que habita junto a su esposa Blanca Libia, su hijastro Mauricio y las 4 perras que adoptó, no duda en señalarlo como “mi castillo”, porque al recordar la dureza de su infancia – “mi mamá solo me dejaba salir para jugar fútbol, de resto me guardaba bajo sus enaguas”– más valora lo que es y lo que tiene en la actualidad.
Sus aportes desde el sindicato
Pedro es bachiller de una institución educativa del centro de Medellín que ya no existe. Ni recuerda completo el nombre de esta. Tiene 60 años y hace 35 una prima intercedió por él para ingresar a la Compañía de Empaques.
A la empresa ingresó por medio de una temporal como operador de una máquina hiladora, pero a los 3 meses pasó a ser lubricador, posición que sigue desempeñando. Sin embargo, en la empresa es más conocido por su faceta sindicalista.
Germán Restrepo, un antiguo presidente de uno de los sindicatos que allí existen, lo invitó para que fuera su secretario “y que echara cantaleta”, pues para los compañeros él era como la voz de la consciencia.
“Me gusta hablarles para que enderecen su vida, para que los obreros dejemos de ser pobres de mente, no de bolsillo. Para que tengamos sueños y vidas mejores, que nuestros hijos estudien, que se hagan con una casa propia en mejores barrios, que cambien la historia de sus familias con educación”.
Es su mensaje.
Cree que el sindicalismo bien hecho trae beneficios para todos, los empleados y los propietarios.
En la empresa, dice, se genera empleo decente y “les hemos robado muchos jóvenes a la violencia”.
Un logro por el bien de sus compañeros
Del sindicato, Pedro llegó a ser vicepresidente, lo cual le agradece a Germán Restrepo, quien ya falleció.
La defensa de los derechos de sus compañeros en la empresa fue bien acogida por el presidente Pedro Miguel Estrada, quien aceptó la figura del contrato sindical que les reportó a todos muchos beneficios.
“Para él y para su madre, Cecilia Londoño, todo el agradecimiento, tienen un grado de humanidad muy alto. Hace 20 años generamos paz laboral”.
Expresa Pedro.
El valor de una empresa responsable con su gente
Pedro valora la forma en la que la empresa se ha comportado con su gente durante la pandemia.
“La empresa no cerró ni un solo día y manejó muy bien la emergencia. El presidente contrató personal de salud experto en el tema y la gente que se tuvo que ir para la casa lo hizo con el salario normal. Nos repartieron mercados, elementos de protección personal y nos entregaron un bono de productividad. A pesar de la situación no dejamos de vender ni de crecer, en la pandemia entraron casi 250 compañeros nuevos, es una cosa de locos”.
Destaca.
Fomento de la educación y la responsabilidad
“Yo soy de una generación pasada, soy un joven de 60 años al que le enseñaron a ser responsable, a ser proveedor, a trabajar duro, a cuidar la gotera y no el chorro. Esta empresa me dio la posibilidad de hacer algo diferente y por eso le debo hasta la vida. Tenemos que hacer que esta sea más fuerte y que nuestras familias tengan mejores vidas que nosotros”.
Concluye.
Por Sebastián Aguirre para Q’HUBO Medellín


