Desde febrero de este año Andrés Felipe García disfruta de su primera experiencia como jefe, y de entrada el toro era bien bravo de domar: al frente tenía un equipo de 120 personas que integran la planta de producción de Laboratorios Ecar. Sin embargo, sus habilidades y su experiencia le han dado las herramientas para afrontar el reto y, hasta ahora, la experiencia ha sido satisfactoria.
Él lo ha disfrutado tanto como los viajes en moto que suele hacer por las rutas de Antioquia y Colombia, una de sus pasiones cuando no está en el laboratorio experimentando con nuevas fórmulas o dictando clase de nutrición y bromatología –estudio de los alimentos– en la Universidad CES.
Un ser inquieto
Andrés se considera una persona inquieta que en todos los procesos en los que participa quiere ir más allá de lo que le asignan y tiene que hacer.
“Me gusta ponerme retos, eso me ha llevado a crecer, a avanzar, me gusta asumirlos, eso es lo que me lleva a salir del estado de confort y de la caja, y lo que me mantiene vivo”, sostiene.
Se graduó como químico farmacéutico de la Universidad de Antioquia, compartió carrera con su esposa Marta Isabel Zapata, con quien vive en Robledo, y es especialista en Alimentación y Nutrición de la Corporación Lasallista.
Su plan es seguir preparándose en el área de producción, pero por ahora sus ocupaciones no se lo permiten. Su carrera profesional comenzó haciendo la práctica en Laboratorios Funat, posteriormente pasó a Laboratorios América, pero a los cuatro meses regresó a su primera empresa, de donde lo llamaron para ocupar un cargo importante en investigación y desarrollo de productos fitoterapéuticos, suplementos dietarios y cosméticos.
En 2012, Laboratorios Ecar se quedó con su “pase”, ingresando a la compañía el 1 de octubre para desempeñarse en el área de desarrollo de innovación y producto farmacéutico: tabletas, inyectables, vitaminas, jarabes.
Cinco años después le tocó el turno de estar en transferencia tecnológica y mantenimiento de fórmulas, hasta febrero de 2020 cuando lo ascendieron a ser jefe de planta de producción.
“Vivo contento porque Ecar me ha dado la oportunidad de avanzar, de aportar al crecimiento de la compañía”, expresa.
Alegre y respetuoso
Andrés, de 33 años, se describe como una persona que es alegre, respetuosa, activa e inquieta, y muy amable, aunque tiene una anécdota que lo hace reír.
“Un día estábamos en un proceso de laboratorio bajo mi directriz desde las 6:00 de la mañana. Eran las 11:00 y yo no había desayunado, así que le pedí a uno de los auxiliares que estuviera pendiente de uno de los equipos, pero que no fuera a tocar nada ya que todo iba bajo control. Al regresar, lo primero que me dijo fue que había movido algo y el proceso se había detenido. Esa fue la enojada del siglo, me salí de casillas, aunque siendo respetuoso”, narra Andrés.
Esa experiencia no opaca su positivismo permanente, su interés porque las cosas salgan bien, como él, la empresa y los clientes esperan. Estar pendiente de tantas personas al mismo tiempo ha sido una responsabilidad que, no lo niega, es complicada, pero eso es lo que a él más lo llama: asumir los retos y llevarlos de la mejor manera.
Un reconocimiento
En 2018, la empresa reconoció la labor desempeñada por Andrés, siendo uno de los cuatro colaboradores ajenos al departamento de ventas que fue invitado a la convención anual que ese año tuvo lugar en Cancún, México.
“Fue mi primera salida del país, y fue de cuenta de la empresa. Ese momento me marcó y me dio mucha alegría”.
Su disciplina y constancia también le han permitido cumplir sueños personales: adquirir su casa propia, darse gusto en los viajes y comprarse la moto Kawasaki que anhelaba tener desde que estaba en la universidad.
Sebastián Aguirre.


