“Por mi trabajo cambié mi casa de tablas por una de material”: Albeiro Góez

La decisión no fue fácil, pero le tocaba asumirla, su vida corría peligro. Aún era muy joven para salir de Dabeiba, si apenas había terminado […]

Albeiro Góez, auxiliar de almacén en El Colombiano. / FOTO: CARLOS VELÁSQUEZ.

La decisión no fue fácil, pero le tocaba asumirla, su vida corría peligro. Aún era muy joven para salir de Dabeiba, si apenas había terminado el bachillerato. Su padre, Ángel Góez, no entendía por qué Albeiro se negaba a volver a la finca, allí donde ambos trabajaban y disfrutaban del campo, pero él, sin contarle el motivo de su negativa, ya lo tenía claro: su futuro inmediato estaba en Medellín.

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Iniciaba el año 2000. Dos años antes, Albeiro había sido secuestrado por un grupo armado, episodio del cual salió ileso. A los 3 días lo soltaron. Luego, en 1999, otros actores armados lo torturaron. Dice que 3 “gloria a Cristo” que expresó en voz alta mientras lo maltrataban a las patadas, lo salvaron.

Seis meses antes de graduarse, a mediados del 2000, Albeiro estaba en la finca, sin su padre. Sus 1,80 metros de altura y su contextura delgada no pasaron inadvertidos para el jefe de otro grupo armado que pasó por la zona. “¿Usted qué hace acá? Mírese, usted no puede trabajar, necesito que venga conmigo”, le dijo.

Le dieron plazo hasta fin de año. “Si lo veo por acá, me lo llevo”, le insistió el hombre. Albeiro solo necesitaba una cosa: que su papá le ayudara a sacar la libreta militar. Ya tenía el diploma de bachiller. Cuando la tuvo, empacó ropa para una semana y salió de Dabeiba en un camión de tomates.

En Medellín, su vida se transformó.

Comenzó repartiendo prensa

Albeiro inició estudios de ingeniería electrónica en la Universidad de Antioquia pero los abandonó a los 4 semestres por la muerte de su papá. Se presentó a una vacante como repartidor de prensa en El Colombiano y pasó. Eso fue hace 17 años.

En la empresa ha tenido varios cargos, fue auxiliar de devoluciones y en la actualidad es auxiliar de almacén, aprovechando una técnica en logística empresarial que realizó en Comfama.

Su casa nueva, un logro

Gracias a su trabajo dedicado, a la estabilidad y al compromiso que ha demostrado, Albeiro pudo cumplirles el año pasado un sueño a su esposa Olga Lucy y a sus hijos Ana María -14 años-, María José y María Camila -mellizas, de 8- y Miguel Ángel -3-: construir una casa de material en el sector Altos de la Torre, parte alta del barrio Enciso. La anterior era de tablas con hojas de zinc como techo.

Lo hizo con el producto de las cesantías que acumuló en este tiempo de labores. “La casa donde vivíamos era muy pequeña, casi del tamaño de la sala de la que hoy habitamos, que tiene 75 metros cuadrados”, dice.

Su meta: seguir estudiando

“Más adelante, si hay forma y capacidad, quiero sacar una carrera profesional, de pronto ingeniería industrial o administración de empresas para continuar escalando y estabilizando mi parte laboral”.

Dice.

El estudio para él es clave. Su hija mayor cursa bachillerato en la I.E. Joaquín Vallejo Arbeláez, y las mellizas en la escuela del barrio. A todas las cobija el auxilio que reciben de Familias en Acción.

La resiliencia

“No tengo mentalidad de víctima. Reconozco que soy desplazado, que fui campesino, pero no me quedo ahí o que me tienen que mantener. Soy víctima pero tengo que salir adelante, con resiliencia”.

Señala.

Albeiro cuenta que además de los hechos violentos de los que fue objeto, también es sobreviviente de la avalancha de Dabeiba que dejó 22 muertos en 1993.

“Yo corría y detrás de mí se escuchaba cuando se moría la gente”, es su recuerdo de la tragedia.

Por Sebastián Aguirre para Q’HUBO Medellín.