Iba a renunciar la primera semana y se quedó 38 años más

Los primeros días de Iván Darío Ramírez en Contegral no fueron los mejores. Ingresó a la empresa el 3 de octubre de 1983 y dice […]

Iván Darío vive hoy en San Antonio de Prado. /FOTOS: CAMILO SUÁREZ.

Los primeros días de Iván Darío Ramírez en Contegral no fueron los mejores. Ingresó a la empresa el 3 de octubre de 1983 y dice que “era un trabajo muy duro”, tanto que en la primera semana ya pensaba en renunciar.

Si no fuera por el tío que lo recomendó, y quien le insistió que no lo hiciera y que se quedara, otra hubiese sido su historia. Y así fue. Fueron 38 años los que estuvo en la empresa, hasta el pasado 19 de febrero, cuando se pensionó tras una larga estadía que le representó muchas alegrías, pero también otros momentos difíciles que con sus ganas de superación los supo sacar adelante.

Del campo a la ciudad

Adaptarse a la ciudad no fue tarea fácil para Iván, quien nació en zona rural del municipio de Amagá hace 62 años. Estudió la primaria y luego
se dedicó a las labores del campo hasta los 18 años, cuando se fue para el Ejército.

Al salir de esa institución se vinculó con Almacenes Éxito, empresa en la que laboró por 8 meses surtiendo las tiendas desde la bodega. De allí pasó a un centro comercial, donde solo estuvo por 4 meses, ya que recibió la llamada de Contegral por la recomendación de su tío.

Una adaptación nada sencilla

Tras superar el trauma de la primera semana, Iván logró acomodarse en la empresa, a la que llegó como operario. Después fue ascendido a superumerario y posteriormente a obrero peletizador en producción, donde completó el resto de sus días allí.

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Su labor se centraba en la elaboración de los concentrados para mascotas. Hubo una etapa complicada en su trayectoria cuando la empresa le apostó a la sistematización de los procesos. Iván no tenía ni idea de computadores, nunca había usado uno, y ese desconocimiento se juntó con la urgencia que tenían sus jefes porque él aprendiera lo más pronto que pudiera.

“Me decían que ese era mi elemento de trabajo y que debía aprender. Estuve un mes completo haciéndome regañar, pero me puse las pilas y lo hice. Me les pegaba a los compañeros que sí sabían y aprendí a manejar el mouse, a meterme a las carpetas del sistema y luego estaba ya excelente en el tema”.

Lo que siguió fue todo satisfacción por la tarea realizada. Más que nada, dice, porque a Contegral “entré aliviado y salí aliviado, es lo más importante”.

Una crisis

“Recuerdo que tuve muchos problemas en la empresa, pero pasé por una crisis muy fuerte en la que estuve muy apretado económicamente porque un sobrino no pagó el arriendo y yo era el codeudor, entonces me tocó asumir esa deuda. Fueron días duros, me tocó laborar bastante, sufrí embargos y todo, pero salí de eso”.

Sus consejos

  1. “Pórtense bien. A quienes quedaron en la empresa los aconsejé mucho, les dije que quedaban en una empresa 1A, que es una elegancia”.
  2. “No sé si Contegral es la mejor empresa, tampoco es la más mala, pero para mí es la mejor, ahí pude conseguirlo todo y pude pensionarme”.

Su historia: los azulejos muertos

“Tengo muchas historias de mi paso por Contegral, pero la que más recuerdo fue estando muy nuevo en la empresa. Yo tenía 2 azulejos en mi casa y siempre les ponía plátano para comer. Un día me llevé de la empresa 8 gramos de maíz molido, y ellos del hambre se los comieron y amanecieron muertos al otro día.

“Eso fue lo único que yo le robé a Contegral en 38 años, pero yo no sabía que no podían comer maíz. Yo llevaba no más de 15 días en la empresa y con los azulejos llevaba como 4 o 5 meses”.