EXPEDIENTE JUDICIAL: Así fue la triste muerte de Sergio a manos de su padrastro

Este martes se conoció que la Sala Penal del Tribunal Superior de Medellín había decidido aumentar la sentencia a prisión que pesaba desde la primera instancia contra el sargento segundo del Ejército, Richard Antonio Pérez, por el homicidio de su hijastro, de 5 años de edad.

El castigo para el militar pasó de 33 años y 4 meses a 36 años y 8 meses de cárcel, luego de que la segunda instancia resolviera los recursos de apelación de presentados por la Fiscalía, la defensa y el mismo procesado.

Pero, ¿cómo fue el horrendo crimen que cometió este hombre para que tenga que pasar casi 4 décadas encerrado en una celda? Q’HUBO tuvo acceso al expediente judicial de la investigación y hoy revivimos qué fue lo que pasó.

Richard Antonio Pérez fue capturado 4 días después del crimen.

Sergio era un niño sin vida social

A las 9:30 de la noche del 6 de febrero de 2016 sonó el teléfono de la portería del edificio Sol de Villanueva, ubicado en la calle 57 No. 50A46, en el centro de Medellín. El vigilante contestó y al otro lado una voz masculina le pidió que llamara una ambulancia, con urgencia. Sin embargo, esa solicitud no se pudo hacer porque pocos minutos después, cuando el portero estaba realizando el trámite, el hombre que lo había llamado salió
desesperado, cargando a su hijastro.

El pequeño iba inconsciente. Su padrastro, Richard Antonio Pérez, se montó con él a un taxi que los llevó a la Clínica Medellín, pero allí ya no podían hacer nada para salvarle la vida, porque llegó sin signos vitales.

Sergio Andrés Pérez había sido asesinado a los 5 años de edad. Los médicos sospecharon que era víctima de maltrato físico desde el momento en que lo vieron, como lo ha reiteró la Fiscalía en los estrados judiciales.

“Fueron dramáticas las lesiones, los golpes que presentaba el cuerpecito de este niño, hasta el punto de que se evidenció, como lo dijo el médico legista que hizo la necropsia, que su bracito derecho tenia una especie de abultamiento por una fractura en el cúbito, con un proceso de consolidación de 20 días o más, sin ninguna atención médica, por lo que se estaba solidificando con esa malformación”, dijo uno de los investigadores
del caso.

“Lo único que pienso, lo único que quiero es pedir que este caso no quede impune, es un niño, no hay derecho que mi hijo muera así. Si es él, el que sea, que pague, por que esto fue homicidio”.

Yeraldín Carrascal, madre de Sergio, en declaraciones dadas a la prensa el 10 de febrero de 2016.

Esa noche, la del 6 de febrero de 2016, la cámara de uno de los ascensores de Sol de Villanueva registró como el sargento segundo del Ejército, Richard Pérez, le dio respiración boca a boca y puso su oído en el lado izquierdo del pecho del niño.

Las pruebas en contra del militar demostraron que hubo violencia constante en contra del niños. A pesar de que en ese edificio vivían aproximadamente 38 niños en esa época, a Sergio nunca lo vieron jugando en las zonas comunes ni participando de las actividades que organizaba la administración en Navidad o durante el Día del Niño. Tampoco tenía rutina escolar y, a pesar de que llevaba viviendo allí más de 6 meses, nunca lo vieron salir o llegar con un uniforme de colegio.

Los testimonios de residentes establecen que el sargento era conocido como Cristian y que solía salir en la mañana y volver al medio día, cuando era frecuente que pidiera un domicilio en un restaurante de la zona, que casi siempre consistía en caldo de pescado y carne molida. Luego se retiraba del lugar solo, sin el niño, y no regresaba hasta la noche.

La necropsia hecha al cuerpo de Sergio permitió identificar que ese día, el de su muerte, sufrió múltiples contusiones y laceraciones, además de 2 heridas abiertas en mentón y rodilla izquierda; además se supo que tenía cicatrices en espalda, brazos, muslo izquierdo, tórax, abdomen y una con deformidad en el lóbulo superior de una de sus orejas.

En el informe el médico legista estableció, en mayúscula sostenida, que “no es posible que estas lesiones hayan sido autoinfligidas o accidentales, por los patrones de las lesiones. La causa de la muerte fue violenta-homicidio, por politrauma severo”.