“Dios no me necesitaba todavía”: Guillermo Velásquez

Fue de un segundo piso del cual Guillermo –o Memo, como todos lo conocen en la empresa– cayó en 2018. Rodó por unas escaleras y […]

Guillermo Velásquez Restrepo es el más teso en el manejo de la máquina de prensa en Manufactura SAS. /FOTO: EDWIN BUSTAMANTE

Fue de un segundo piso del cual Guillermo –o Memo, como todos lo conocen en la empresa– cayó en 2018. Rodó por unas escaleras y se quedó en coma por 3 días. Sufrió un trauma craneoencefálico que le hizo perder parte de su audición y aún hoy sufre las secuelas de ese accidente. Pero ni eso le sacó su pasión por el trabajo.

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“Eso es que Dios no me necesitaba”, dice Guillermo Velásquez Restrepo, quien tiene 53 años, nació en Amalfí, tiene 4 hijos –Camila Andrea, Leidy Johana, Sandra Milena y Pablo Andrés– y 4 nietos –Sofía, Isabella, Antonella y Matías– y en la actualidad convive con Olga, su compañera.

Desde hace 30 años labora en Manufactura SAS –”desde el 2 de julio de 1990″– y 29 de ellos los ha dedicado a una misma tarea: operar la máquina de prensa.

Del campo a la ciudad

Su familia, compuesta por sus padres y 16 hermanos, arribaron a Medellín teniendo él 4 años. Dueños de una pobreza absoluta, los Velásquez Restrepo se instalaron en Manrique Central a buscar nuevas oportunidades.

Guillermo, que era de los segundos, solo hizo hasta octavo de bachillerato. La necesidad lo obligó a encontrar empleo tan pronto como pudiera. Luego le correspondió prestar servicio militar.

La mayoría de las palabras de Guillermo salen de Olga, su compañera. Porque las secuelas de su accidente así lo deciden y además por su timidez. En su casa del barrio París, en Bello, son frecuentes las visitas de sus hijos, acompañadas de unas cervezas y una buena música. Esa es su felicidad. / FOTO: EDWIN BUSTAMANTE.

Mientras Guillermo militaba en el Ejército, su papá, Antonio José (ya fallecido), quien oficiaba como vigilante en un conjunto residencial donde vivía un dueño de Manufactura SAS, abogó por él y lo ayudó a “colocar” en esta empresa.

Tras tres décadas en la misma tarea, se conoce “con ojos cerrados” la máquina de prensa. Pocos como él dominan su oficio.

Cuando inició se ganaba 2800 pesos semanales. Hoy dice con orgullo que tiene su casa propia gracias al apoyo de la empresa. Además, en su accidente recuerda el apoyo constante y el seguimiento minuto a minuto de sus superiores.

“Su calidad humana es única. Yo nunca había visto que el gerente de una empresa fuera a visitar a un obrero”, expresa Olga, su compañera, quien lo ayuda a expresarse dadas las secuelas del accidente.

Un padre y empleado responsable

Pese a estar separado de la madre de sus hijos, Memo ha estado siempre presente en las etapas más importantes de ellos, y ha procurado que no les falte nada. Este año verá con orgullo el grado como bachiller de su hijo menor, Pablo Andrés.

Esa misma responsabilidad la traslada a su trabajo, más en los tiempos actuales en que las labores han aumentado luego de una para producto de la pandemia.

/ FOTO: EDWIN BUSTAMANTE.

Fueron semanas difíciles, por eso hoy no expresa queja si le toca hacer turnos prolongados, los cuales disfruta porque “gracias a Dios hay demasiado trabajo”.

No tiene personal a cargo, sin embargo cada compañero que pasa a su lado recibe su comprensión y su compañía para hacer bien sus labores. Uno de sus mejores amigos es Pastor, el único que le gana en antigüedad en Manufactura SAS (“él entró en 1989 y yo llegué al año siguiente”).

Algo que destaca de la empresa es que hay mucha estabilidad laboral, y desea que los jóvenes que llegan nuevos a esta conserven la humildad que los de su generación tenían cuando conseguían empleo.

A ellos les dice “que le pongan voluntad, que si uno tiene muchas necesidades se tiene que esforzar”, y les pide tener la humildad del principiante, no la arrogancia de aquel que desea “ganarse un sueldo de presidente” sin tener el conocimiento ni la experiencia necesarias para recibir lo que dicen merecer.

Memo, el amigo de todos.

Por Sebastián Aguirre para Q’HUBO Medellín


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