Denuncian una nueva modalidad de robo de cabello

Lina Marcela T. es una caleña que vive en Medellín y está llena de sueños. Su principal meta es montar un puesto de chuzos para […]

“Ella no nos obligó, pero los mechones no se cortan así”, dijo Lina, la de la foto a la derecha. En la izquierda, doña Dolly. /FOTOS: MANUEL SALDARRIAGA Y WENDY RESTREPO

Lina Marcela T. es una caleña que vive en Medellín y está llena de sueños. Su principal meta es montar un puesto de chuzos para mejorar su situación económica. El pasado 15 de diciembre, caminando por las calles de su barrio en Manrique, pensó que se había cruzado con una gran oportunidad de ganar plata para el plante, sin saber que en realidad estaría por empezar un calvario que la dejó prácticamente calva.

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Esta joven madre de 2 niños se topó con una mujer que describió como “grande, de piel morena y cabello de extensiones”. La señora se deslumbró al ver a Lina con una abundante cabellera crespa y con un largo a la altura de las caderas. Sin conocerla, le pidió que parara para ofrecerle un negocio: comprarle unos mechones de cabello.

Según lo que contó Lina Marcela en entrevista con Q’HUBO, el negocio le pareció tentador, ya que le ofrecieron $ 200.000 por vender 3 mechones de su cabello y supuestamente no se notaría la diferencia. La cosa fue muy rápida, Lina le dio la confianza a esta señora, de quien se sabe que se llama Sandra, para que le cortara el cabello en su propia casa.

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“Ella me empezó a separar el cabello en 4 secciones. Ni siquiera tenía chulos, sino que cogió unas bombas, las cortó y con eso me amarró. Yo le dije que le vendía, pero nunca me imaginé que me fuera a sacar los mechones tan gruesos, porque eso no es así. Los mechones se venden entreverados y eso ni se nota, pero ella los cogió muy gruesos y de raíz”, narró la afectada.

En su relato, Lina también detalló que la señora la acosaba mucho e hizo el trabajo con afán: “Cuando ella vino, los muchachos del barrio la pararon a preguntarle para dónde iba. Me cortó el cabello y salió corriendo, no me dejó ver los mechones, porque mi cabello no valía $ 200.000. Ella salió con miedo porque sabía que si yo me ponía a llorar delante de esos pelados, ahí mismo le caían”.

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Pero Lina no fue la única que cayó en el calvario… Resulta que su vecina, doña Dolly G., también se dejó seducir por los $ 200.000, pero a ella le fue peor…

La pesadilla de doña Dolly

Cuando doña Dolly vio que a su vecina le habían pagado por vender el cabello, se antojó y pidió el contacto. Aunque Lina Marcela le dijo que no se lo recomendaba, ella cuadró una cita en el centro de Medellín con la mujer que compra cabellos y también pactó venderle un poco de su largo pelo… Después de encontrarse, fueron a una barbería por la zona de El Raudal y sentada en una esquina, sin poder verse en el espejo, empezó el proceso.

“Ella me quedó debiendo plata, porque me iba dar 200 mil y me dio apenas 170 mil (…) Yo bajé con una compañera de trabajo y cuando me vio, me dijo: ‘Usted no tenía que venir acompañada, ¿le da miedo que le robe?’ Yo llegué con una amiga para que ella mirara lo que me iban a quitar, pero esa señora le dijo: ‘Tú te sientas ahí y tú te sigues conmigo y así fue’”, contó doña Dolly en Q’HUBO.

Tratamos de contactarnos con Sandra hasta que finalmente nos contestó y se defendió, alegando que ella les pagó $ 250.000 por el cabello: “Yo soy negociante, no ladrona (…) Ellas me llamaron, yo no obligo a nadie a que me vendan, pero si les voy a dar $ 250.000 no es por una hebra de pelo. Ellas tienen ese vicio, después de que venden su cabello y se gastan su plata, forman escándalo. Yo les pagué muy bien”.

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Nos contactamos con un estilista para validar el proceder de esta modalidad y en efecto tildó este caso como un “abuso”, puesto que la técnica para cortar mechones no debería dejar a una persona en esa situación de calvicie.

Ya han pasado semanas desde que estas 2 mujeres se quedaron sin su cabello. Han llorado, su autoestima quedó lastimada, pero ahora están un poco más resignadas, a la espera de que les crezca el pelo. Además, quisieron contar su historia para evitar que a otras mujeres les suceda algo así.