A sus 102 años, doña Ofelia encanta con su arte en Medellín

Doña Ofelia Posada no deja que la edad se interponga con su pasión: el bordado

Ofelia Posada
Ofelia Posada. / FOTO: ALEJANDRA MORALES.

Doña Ofelia Posada le atribuye su longevidad a su dieta rica en panela y a que nunca se queda quieta. A sus 102 años es una tejedora como pocas, pues se dedica todos los días a realizar carpetas, posavasos y hasta vestidos a punta de aguja e hilo. Aunque sale poco, por un problema de vértigo, le gusta, además, conversar, escuchar música y dibujar.

Su edad no es un impedimento para que todos los días se levante a trabajar en su arte, que luego utiliza para decorar su casa o para venderles a sus vecinos y conocidos.

“No me gusta quedarme quieta ni dormir por la tarde, en cambio me dedico a bordar porque así me entretengo y qué más que esto es lo que más me gusta”.

Expresó doña Ofelia Posada.

Nació en 1921 en una vereda de Sonsón y allá, viendo a su madre y sus hermanas tejer a punto al aire y en croché, fue aprendiendo y cogiéndole el hilo, como dicen.

Ofelia Posada
pixEn la casa de Buenos Aires no pueden faltar las agujas y el hilo para doña Ofelia. Además, también disfruta dibujar y pintar /FOTO: ALEJANDRA MORALES.

“Yo me sentaba con ellas e iba aprendiendo a hacer el punto así, pero ellas lo trabajaban muy grande, y ya yo por mi cuenta aprendí a bordar más pulido, y a hacer más cosas. Iba inventando nuevas formas”, dijo.

Estuvo de novicia en Ibagué, pero descubrió que no era lo suyo, conoció a su esposo, y se fue a vivir al barrio Salvador en Medellín.

Durante todo este tiempo, el bordado fue una constante en su vida; incluso, le realizó varios trabajos a importantes obispos de la época y cuando salió del convento, su oficio le sirvió de sustento familiar para ella y sus 7 retoños. Sus hijas y hasta sus nietas se vistieron por mucho tiempo con sus creaciones.

“Incluso los vestidos de bautizo de dos de las nietas los hizo ella, con ayuda de algunas de las hijas”, contó Marisol Lancheros, su hija.

Profesora apasionada

Aunque nunca pensó en el bordado como un emprendimiento formal, conoció hace unos 30 años a la asociación Arama, una entidad que reúne a las mujeres alrededor de las labores manuales. Con ellos trabajó como instructora de bordado por muchos años.

Ofelia Posada
La Cámara de Comercio de Medellín está exponiendo los trabajos de doña Ofelia y de otros 6O expositores en el Centro Empresarial Aburrá Norte (Diagonal a la Estación Niquía del Metro). /FOTO: CORTESÍA.

Ahora, Ofelia Posada lleva una vida más tranquila, eso sí, sin abandonar el bordado. Todos los días se levanta y le dedica varias horas a su labor, sentada en su habitación mientras escucha discos de Julio Jaramillo o ve algún programa de televisión. No tiene afán de venderlo, pero sí le llega mucho encargo de sus vecinos, en el barrio Buenos Aires, donde vive con su hija y nietos.

“Yo me siento en la ventana y la gente que va pasando me ve y me terminan encargando trabajos. A veces, bordo cosas por mi propia cuenta y en la misma corporación Arama me la compran”, dijo.

Afirmó que seguirá bordando hasta que la vida se lo permita. “Quién sabe hasta cuándo”, dijo entre risas.

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