La batalla de Gaviria, un halcón con las alas rotas

Cuando Fernando Gaviria tenía 7 años de edad, se sentó frente al televisor de su casa, junto a su padre Hernando, y se puso a […]

Fernando Gaviria.

Cuando Fernando Gaviria tenía 7 años de edad, se sentó frente al televisor de su casa, junto a su padre Hernando, y se puso a ver el Tour de Francia.

Era la primera vez que veía una carrera de ciclismo importante, y quedó sorprendido. No cerró la boca durante las 2 horas de la transmisión, pero no pronunció una sola palabra. Vio la carrera de pie y, cuando terminó, gritó emocionado: “Papá, quiero ir a Europa y correr esas carreras. Quiero ir al Tour y al Giro”.

Sabía montar bici desde los 2 años, edad en la que obtuvo su primera bicicleta. Estaba caminando con su padre y su hermana por Villa Lorca, en La Ceja, Oriente antioqueño, y de un momento a otro, mientras Hernando Gaviria recibía una llamada, se escapó.

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Juliana, su hermana, comenzó a gritar: “Papá, papá, Fernando no está”. Corrieron a buscarlo y lo encontraron en la casa de un profesor. Resulta que Fernando había visto pasar al señor con su hijo, quien iba en una bicicleta muy bonita, de manubrio colorido y marco rojo.

Casualmente, Hernando conocía al profesor y le preguntó por la bicicleta. “Es de mi hijo, pero se la puedo vender”, le dijo el amigo. “Listo, se la compro”, replicó Hernando.

Esa bicicleta costó 18.000 pesos y en ella aprendieron a montar Juliana y Fernando. Hoy, en la salida de la primera etapa del Giro de Italia, entre Budapest y Visegrad, Hungría, sobre 195 kilómetros, Gaviria cabalgó una Colnago K. One, una de las mejores bicicletas del planeta, cuyo precio es impronunciable en estas tierras repletas de café, plátano y maíz.

Y, como un halcón herido, empezó a luchar por volver a ganar, con el magro recuerdo de los 2 recientes años atorado en su memoria, pero con la esperanza de repetir lo hecho en su debut, en 2017, cuando ganó 4 etapas y se vistió de ciclamino. En el inicio del Giro 2022 cruzó la meta en el puesto 23, a 38 segundos del ganador y primer líder, Mathieu Van der Poel (Alpecin-Fenix).

Antecedente: El Giro de Italia tiene su primer líder, el potente Van der Poel

El antioqueño también ganó una fracción más en 2019, antes de la arremetida del Covid, enfermedad que lo golpeó 2 veces, diezmándolo física y psicológicamente.

Fernando tuvo que quedarse meses en Emiratos Árabes encerrado en el cuarto de un hotel, hablando con sus familiares, haciendo ejercicios en el piso y jugando PlayStation.

No gana desde el Tour de Oman, en febrero, y trae sangre en el ojo. Está harto de que le digan que “ya no sirve”, que “ya está acabado”, y en la tierra de los magiares, ve la oportunidad para resarcirse consigo mismo.

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Será un Giro bastante duro para el antioqueño, el único de estas tierras que participará en la versión 2022 de la corsa rosa. Tendrá a su gran escudero para intentar la heroica, tendrá a su Sancho, el argentino Maxi Richeze, pero, sobre todo, tendrá a su familia, vitoreándolo como cuando era niño y se perdía tardes enteras por las calles de La Ceja, feliz sobre su bici de marco rojo, en la cual soñaba con vencer a los mejores velocistas del mundo.