“Se me fue una ráfaga y lo dejé sin cabeza”: el cruel relato del autor de un falso positivo

La víctima le pidió minutos antes que lo dejara orinar y le advirtió: “Déjeme orinar, que yo sé que me van a matar”.

Juan Carlos Soto relatando su falso positivo.
Juan Carlos Soto relató de primera mano la crueldad que tuvo para cometer un falso positivo con un indígena. /FOTO: Colprensa.

Dentro de la diligencia en la que 12 exmiembros del Batallón La Popa del Ejército Nacional se encontraron frente a frente en Valledupar, Cesar, con las víctimas de algún falso positivo de esta región del país, el exsoldado Juan Carlos Soto relató de primera mano la crueldad de esta práctica.

Según la narración del exmilitar, convenció al teniente que estaba al mando de su unidad de hablar con Leonardo Enrique Sánchez Barbosa, alias el Paisa, para que les diera un combatiente de ellos.

“Nunca le pedí que nos entregara un campesino o una persona del común, sino un combatiente para poder salir de permiso”, dijo, como si se tratara de una simple solicitud de licencia no remunerada en una empresa.

Familiar de una de las víctimas de un falso positivo de miembros del Batallón La Popa del Ejército. /FOTO: COLPRENSA.

El Paisa, un paramilitar que comandaba un nutrido grupo de delincuentes en la región, accedió a la petición, pero no les entregó un combatiente sino a Éver de Jesús Montero Mindiola, un indígena kankuamo a quien entregaron haciéndolo pasar como guerrillero.

Presentía que iba a ser víctima elegida de un falso positivo

Antecedente: Según María Fernanda Cabal, los 6402 falsos positivos son “un invento de la izquierda”

Luego de la entrega, según el relato del soldado, pasaron la noche en el mismo lugar y al día siguiente lo asesinó de la manera más despiadada posible. Indicó que la víctima, incluso, le pidió minutos antes que lo dejara orinar y le advirtió: “Déjeme orinar, que yo sé que me van a matar”.

“El teniente me dijo en la curvita lo mata. Yo tenía el fusil, lo tenía dañado, el seguro se me bajaba muy facilito. No había podido llegar al batallón para que me lo cambiaran”. Así empezó la cruda descripción del momento en el que acabó con la vida de Montero Mindiola.

“Cuando fui a asesinar a Jesús Montero se me fue una ráfaga, y ese muchacho lo asesine y lo deje irreconocible, lo dejé sin cabeza, nunca se me va a olvidar. Yo no se cómo lo montaron en el carro.”, contó el exsoldado, quien tras su relato pidió perdón a la familia de la víctima.

Por este mismo caso fueron judicializados en 2006 el subteniente José Emiliano Moreno Trigos, el cabo Carmelo Antonio Pacheco Ramírez y los soldados Hugo Alberto Martínez Delgado y Jeiber Yecith de Ávila. El crimen se perpetró el 29 de agosto de 2003. El cuerpo del indígena fue encontrado en Patillal, Cesar, luego de que Soto y sus compañeros del Ejército lo reportaran como un supuesto guerrillero dado de baja en combate.

No deje de leer: Máscara de yeso se le quedó pegada a un estudiante en rostro: “Voy a demandar a la maestra”

Con información de Colprensa.