A sus 52 años, y tras 27 años de trayectoria en Banacol, Claiton Racero Carmona cumplió el mes pasado uno de sus sueños: tener vivienda propia. Firmar las escrituras fue todo un logro.
Para él no hay duda de que no hubiese podido acceder a ese deseo sin la estabilidad laboral que le ha dado la empresa, la cual “nos pone los medios para acceder a una vivienda, eso es algo muy satisfactorio”.
Quizás cuando llegó a Turbo hace 30 años desde San Bernardo del Viento imaginó que ese sueño podía hacerse realidad algún día, pero que le costaría mucho esfuerzo conseguirlo. Llegó con anhelos de encontrar oportunidades que en su pueblo escaseaban.
Cuando llegó a Urabá tuvo un primer intento fallido para ingresar a Banacol porque no tenía libreta militar. No bastó la recomendación de un tío que trabajaba en la empresa, porque ese era un requisito que se le exigía en la documentación.

Consiguió empleo en una finca bananera de otra compañía. Sus primeras tareas consistieron en ser cartonero, en el área de empaques. Pero en su mente mantenía intacta la idea de vincularse con Banacol porque escuchaba de su familiar y de algunos conocidos los beneficios que les daban a sus trabajadores, y él quería conseguirlos.
Pese a que muchas personas le dijeron que, dada la situación que atravesaba la región no buscara un cambio, Claiton no desistió. Solucionó el tema de la libreta militar y la oportunidad se le dio 4 años después. Ya había terminado el bachillerato y se había casado, por tanto la responsabilidad era mayor.
Al inicio aprendió de muchos oficios en la planta empacadora; el desmane, el amarre, la selección del producto. Eso le abrió oportunidades de mejora y de mantener su empleo en un área donde, dice, “me sentía cómodo”.
Pues sí que lo ha estado, porque desde entonces completa casi 30 años al servicio de una empresa a la que agradece lo vivido, y en la cual ha experimentado todo tipo de sensaciones que hoy valora.
¿Qué cree que dicen de usted sus compañeros?
“Algunos que no me conocen ni han tratado conmigo dirán que quizás quizás no soy amigable porque no soy de mucha risa ni expresivo, soy muy reservado, pero cuando lo hacen saben que soy muy respetuoso y tolerante; comparto con más de 150 compañeros y me admiran por mi comportamiento en el trabajo”.
“Quise ser docente, pero enseñé de otra manera”
Antes de involucrarse con el banano, Claiton tenía un deseo: estudiar para ser docente, sobre todo en el área de idiomas. Y aunque con el trabajo y la familia el tiempo no le alcanzó para cumplirlo, pudo al menos enseñar algo que le apasiona de otra forma: a través de la religión.
“Vengo de una familia muy católica, y empecé a estudiar la biblia con los Testigos de Jehová. Eso me marcó de manera especial, porque hoy les doy clases de la Biblia a compañeros de trabajo, vecinos y familiares, es algo gratificante porque no me lo pagan, pero lo hago con gusto”.
Sebastián Aguirre Eastman.


