Gracias al banano tiene trabajo, techo y familia

Armando Manuel Doria Calderín quiere a Urabá como si fuese su propia tierra, aunque en realidad solo le faltó nacer en ella, pues esta le […]

Armando es un hincha apasionado del Junior de Barranquilla. /FOTO: CORTESÍA GREENLAND.

Armando Manuel Doria Calderín quiere a Urabá como si fuese su propia tierra, aunque en realidad solo le faltó nacer en ella, pues esta le ha dado lo más valioso que ha conseguido en su vida.

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Nació hace 53 años en Planeta Rica, Córdoba, pero su familia, en busca de otros retos laborales, se trasteó para Chigorodó cuando él tenía 18 años a una región que desde el primer momento les abrió las puertas. Y no se arrepienten de haberlo hecho.

Si bien Armando regresó durante unos 7 años a Córdoba para laborar con Postobón en una de sus plantas en Montería, Urabá lo acogió de nuevo tras presentarse con su hoja de vida en Banacol. Fue un viernes cuando entregó el documento, el lunes lo llamaron y al otro día ya estaba en funciones.

El 13 de septiembre de este año cumplirá 25 años en la organización. En ella ha pasado por varios puestos en las áreas de empaque, en las que laboró por cerca de dos décadas, y en tareas agrícolas en las fincas bananeras que la empresa tiene en la región.

Tiene mucho que agradecerle a la empresa: la estabilidad, el sustento que le ha permitido vivir con tranquilidad todos estos años, pero especialmente porque en ella tuvo la oportunidad de conocer a su esposa Luz Mery. Todo comenzó como una relación laboral que trascendió a lo personal.

“Éramos jóvenes y las cosas se fueron dando. Ya vamos para 25 años juntos”, menciona Armando.

Ella ya no trabaja en la empresa, pues decidieron que ya era hora de que descansara y “se dedicara al hogar”, pero la unión permanece, y hoy ya tienen conformada una familia con tres hijos y un nieto.

“Esta empresa es todo para mí, he podido sacar a mi familia adelante, tengo mucho por agradecer”, dice.

Una aventura en Honduras

Un momento que marcó de emoción a Armando fue la ocasión en que participó, en representación de Banacol y de Colombia, en unas olimpiadas bananeras que reunían a empleados de empresas de la industria de cinco países, junto a Honduras, El Salvador, Panamá y Costa Rica.

La sede fue Tegucigalpa, la capital de Honduras, y él compitió en el área de empaques. El cupo lo obtuvo al ser uno de los mejores en las destrezas de desmane, selección y empaque en las olimpiadas internas que hizo Banacol en el país.

“Era un incentivo que nos daban para que siguiéramos haciendo las cosas bien. Me siento satisfecho, quedamos segundos por detrás de Honduras”, recuerda.

Estos 25 años han sido para Armando un aprendizaje constante pero también un periodo en el que ha disfrutado de su trabajo y se ha permitido gozar cada tarea que le ha sido encomendada.

Por Sebastián Aguirre para Q’HUBO Medellín.


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