Manuel vive junto a su esposa, su hijo y sus suegros Óscar y Ángela. /FOTO: CORTESÍA,
De los 23 años que Manuel lleva vinculado con Arquitectura y Concreto, hubo uno que lo marcó de manera muy especial. Fue el año que estuvo viviendo y trabajando en Cartagena en la construcción de un hotel en la zona turística de esa ciudad.
Junto a algunos compañeros habitaba una casa alquilada por la empresa, y esta les daba todo para que solo se preocuparan por desempeñar de la mejor manera sus labores constructivas. Les suministraba viáticos, les pagaba una prima de campo y asumía un viaje cada 45 días para que vinieran a Medellín a saludar a la familia.
Ese buen momento coincidió con una alegría personal: el nacimiento de su hijo Johan Andrey, quien hoy tiene 16 años. Y aunque estuvo lejos de él por un tiempo, la experiencia fue buena desde lo profesional, lo económico –pudo ayudarle a su esposa Mary Milena con los gastos del bebé– y personal, ya que “pude conocer Cartagena de cuenta de la empresa”.
Han sido muchos más los momentos emocionantes que Manuel ha vivido en la empresa, pero este sin duda es el que más le ha dejado huella.
Manuel nació hace 51 años en Caicedo, municipio del Occidente antioqueño. A sus 15 años, y tras la separación de sus padres, su mamá decidió trasladarse a Medellín junto a sus ocho hijos. “Yo era el niño entre los cuatro hombres”, señala.
En la ciudad se instaló en Manrique Oriental, aquí terminó el bachillerato y luego quiso buscar trabajo, encontrando una oportunidad en el sector constructivo.
“Empecé como ayudante de un contratista y poco a poco me fui dando a conocer, hasta que di con unos ingenieros que trabajaban en esta empresa, que me dieron la oportunidad de trabajar como oficial en obra gris, después en obra blanca y luego de hacer unos cursos”, recuerda.
Tras destacarse en su trabajo, a Manuel le llegó la buena noticia de que sería vinculado formalmente a la empresa como maestro de obra. Eso, dice, “fue un salto espectacular”, ya que se le abrió un universo de oportunidades, de beneficios y de mejoras en su calidad de vida que le cambiaron su forma de vivir.
“El tiempo que llevo en la empresa lo califico como una oportunidad única en mi vida de mejorar todos los aspectos de mi vida: mi hogar, mi forma de vida, todo”.
Hoy ya tiene su casa propia, cuando antes pagaba arriendo, y su hijo ha podido estudiar. “Estoy muy cómodo, a diferencia de cuando estaba como contratista, que tenía siempre la incertidumbre de cuándo me llegaría el pago, a veces no me pagaban el sueldo completo o no pagaban, estaba inseguro de que el contratista asumiera la seguridad social. Acá en cambio no me preocupo por eso”.
Al año, dice, tiene 3 o 4 días que puede disponer para su tiempo libre, para dedicárselo a su familia o a lo que él quiera.
“Acá ven los valores de las personas y las van conduciendo para que asciendan”, y recuerda cuando acudió a una escuela en obra en la que les enseñaban temas como la interpretación de planos. “Explotan nuestro talento, muchos compañeros han llegado como oficiales y pasan a ser maestros, luego residentes y directores”.
Sebastián Aguirre.
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