Alexánder tiene 45 años y vive a gusto en Chigorodó./FOTO: cortesía GreenLand.
“Usted ordena, yo me arrastro” no es una frase con doble sentido, es el lema con el que cada día realiza sus labores Alexánder. Es su frase de batalla, la que utiliza para describir su nivel de compromiso con su empresa y con quienes confían en él para desempeñar alguna de las tareas en la finca Triganá, en Chigorodó.
Cómo no va a estar agradecido con la empresa después de lo que esta hizo por él en un momento crítico de su existencia, al cual llegó por confiar en personas de las que quizá no esperaba tal comportamiento.
Su abuela Regina, quien fue fundamental en su crianza, lo había educado “con un corazón noble” y le inculcó siempre que “uno estaba para servir a los demás”. Lo que pasa es que Alexánder se excedió en esa nobleza, y cuando unos amigos lo buscaron para que les sirviera de fiador, no dudo en tenderles la mano.
La historia es más larga de lo que estas páginas permiten contar, pero el punto fue que Alexánder terminó asumiendo unas deudas ajenas que superaban los 20 millones de pesos, y el pago de las cuotas que heredó de sus amigos triplicaban sus ingresos.
“Eso me perjudicó bastante. Mi esposa y yo habíamos luchado por conseguir la casa. Ella, al verme melancólico y con ganas permanentes de llorar, decidió venderla para pagar la deuda y que no nos la quitaran”.
No había salido de ese problema cuando su papá enfermó y Alexánder lo acompañó durante 20 días, los mismos que tuvo que ausentarse de su trabajo. Al contrario del suceso anterior, esta vez encontró compañeros solidarios que lo ayudaron a superar el mal momento, pero, además, la empresa lo incluyó en un programa de acompañamiento que fue clave para su recuperación.
“Por eso es que yo defiendo a la empresa, este es mi hogar”, asegura.
Alexánder nació en Planeta Rica, Córdoba, y hace 23 vive en Chigorodó. A Urabá llegó por primera vez prestando servicio militar, hacía parte de una brigada en Montería y su contingente iba a ser trasladado a Leticia, Amazonas, pero la noche anterior los mandos cambiaron de decisión y los enrutaron hacia Urabá.
Luego de prestar servicio regresó a Planeta Rica, pero al no encontrar oportunidades una familiar le recordó que en Urabá vivía un tío suyo, que por qué no lo visitaba para ver si le resultaba algo.
“Llegué en 1997 con 2000 pesos. Era una época difícil. Como pude encontré a mi tío, Andrés Mercado, quien me recibió en su casa y me atendió muy bien”, recuerda.
Su tío trabajaba en la finca Triganá de Banacol y un día lo invitó para que lo acompañara y preguntaran si había algo que él pudiera hacer. Lo encargaron de la fertilización de los cultivos, y poco a poco su trabajo le gustó a la administradora de la finca, quien después le consultó si tenía los papeles para ser vinculado.
El 1.° de marzo de 1999 comenzó su historia en la empresa. Desde entonces han sido 22 años de trayectoria con aciertos y fallas, muchos aprendizajes, pero, sobre todo, una gran experiencia que le ha permitido convertirse en modelo para sus otros compañeros.
“Cuando me tomaban las fotos para este artículo, algunos compañeros me gozaban que porque yo parecía un modelo, pero yo les dije que hay cosas que uno se gana con dedicación y esfuerzo. En ocasiones la vida no se debe tomar como una recocha, hay momentos para socializar, pero siempre tratándose con respeto”.
Sebastián Aguirre Eastman.
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