Yony vive en Carepa junto a dos hijos, su compañera sentimental y dos hijastros. / FOTO: Cortesía GreenLand.
Su primer maestro en la industria platanera fue su padre, a quien en su tiempo libre, cuando cursaba el bachillerato, le iba a ayudar en la finca Triganá, en Carepa, donde este laboraba.
Estudiaba en las mañanas y en las tardes visitaba las plantaciones. A su lado aprendió las técnicas de embolse y amarre, experiencia que más adelante le serviría para desempeñarse en otros cargos relacionados.
Yony tiene 29 años, nació y vive en Carepa. Motivado por los conocimientos que adquirió de su padre y del trabajo en la finca, y tras graduarse como bachiller, cursó una técnica en Profesión Agropecuaria en el Sena, e hizo la práctica en Augura, el gremio de los bananeros en Urabá.
Al terminarla, comenzó con la búsqueda de empleo pero no resultaba nada. Sin embargo, como el gerente y el administrador de la finca Triganá lo conocían, le dieron la oportunidad de vincularse. Ese fue el comienzo de su etapa en GreenLand.
Sus primeras labores correspondían al CTS (control temprano de sigatoka) y el deshoje, oficio que ya conocía bien por los aprendizajes recibidos en su adolescencia.
Dos años después, la renuncia de un recibidor en la finca abrió una vacante que la empresa no lograba ocupar. El administrador se acordó de Yony y le dijo: “Ya te encontré cargo”. Aunque él no había hecho antes esta tarea, sin dudarlo le contestó: “es la primera vez que hago esto, pero no tengo ningún problema”.
Al tiempo, Yony inició una carrera profesional en Ingeniería de Sistemas en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, un conocimiento que, sin planearlo, le sería de mucha ayuda pues la empresa había comenzado un proceso de sistematización de todos sus procesos, por lo tanto el aporte que él podía brindar era valioso.
No fueron tiempos fáciles para Yony. Para empezar, la labor que estaba desempeñando era nueva para él, pero contó con el apoyo de compañeros y superiores, quienes además de comprender su situación –estudiaba y trabajaba al tiempo– le fueron enseñando sobre nuevos oficios como la resiembra y el desflore.
Tras esa experiencia, Yony llegó a su cargo actual: operario de riego en temporada. Fue curioso porque uno de sus jefes le decía constantemente “¿cuándo va a ascender?” y él le respondía “cuando me den la oportunidad, la estoy esperando”, y esta llegó.
Yony dice sentirse cómodo y contento en la organización, siente que el respeto y la transparencia con la que ha hecho sus cosas le han permitido ganarse la confianza de los demás, y él intenta corresponderles con su esfuerzo y compromiso.
“Sin duda ha sido el apoyo que me brindaron cuando estaba estudiando ingeniería de sistemas. Como tenía que salir los sábados cada quince días –era semipresencial–, desde el inicio les informé a mis jefes de la situación, y ellos siempre me daban permiso para ir”.
“Cuando comencé a manejar personal era muy difícil porque por más que uno haga algo, hay partes que no van a estar contentas. Al asumir el cargo algunos compañeros me sacaban muchas rabias, pero fue aprendiendo a escucharlos y a llevar mejor esas situaciones”.
Además de ese cargo, Yony es el actual presidente y representante legal de Corporiocedro, una posición para la cual fue postulado por sus propios compañeros, y en la cual él ha aprendido muchas cosas, en especial en temas de estabilidad laboral y mejores condiciones salariales para quienes laboran en la empresa, la cual, dice, apoya estos procesos para garantizar un comercio justo en su industria.
Sebastián Aguirre.
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