Carolina Ruiz, hoy con 37 años, siempre ha tenido claros sus propósitos, tanto personales como laborales. /FOTO: CORTESÍA
De una mala experiencia con un jefe nació una emprendedora. Un malentendido con una presentación fue el punto de partida del cual germinó una carrera en la que Carolina Arango ha podido expresar lo que más le gustaba hacer: comunicar, compartir con las personas, organizar eventos, hacer sus sueños realidad.
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Aunque es diseñadora de modas de profesión, poco la ha ejercido. Tiene 37 años y hace 15 se enlistó entre los emprendedores de esta ciudad que le apuestan a ir detrás de sus propósitos.
“Los emprendedores tenemos ese chip, esa motivación de tener algo propio y ese propósito más allá de estar haciendo un trabajo para ayudarles a otras personas”.
Señala.
Ha tenido dos negocios, el primero fue de mercadeo, comunicaciones y eventos empresariales, y hace 5 años creó el que la hecho más conocida: Jengibre Cocina Presente, con el cual ofrece experiencias gastronómicas. Por la pandemia tuvo que cerrar el restaurante que tenía en Mercados del Río, pero mantiene el contacto con sus clientes mediante los canales digitales.
“El jefe me pidió que le hiciera una presentación. Yo se la envié dos días antes de la fecha para la cual me la había solicitado. Él salió de viaje, la pudo revisar apenas sobre el tiempo, y no le gustó. Me dijo que yo era una irresponsable y que la presentación no tenía nada que ver con lo que me había pedido”.
Finalmente, y tras hacer los ajustes, la presentación quedó conforme a lo que quería el jefe, pero la relación, que venía siendo cordial y amistosa, se fracturó. Esa fue una señal para Carolina, un aviso de que no quería estar más allá y en cambio deseaba tener su negocio propio.
Los clientes la querían, les gustaban sus ideas, así que cogió impulso y se lanzó. Su herramienta más valiosa era la creatividad, porque no tenía ni idea de cómo era crear una empresa.
“No sabía nada de temas administrativos, no tenía una razón social, no sabía cómo trabajar con la Cámara de Comercio, me tocó buscar un contador”.
Asegura.
Consciente de que esas falencias son culpables de que muchas empresas no prosperen o terminen de forma definitiva, supo rodearse de personas que la guiaron por donde era. Ese fue su reto más grande, pues las ideas, el conocimiento ya los tenía.
“Quería ayudar a mover la economía del país, que pudiera generar empleo, un empleo es una familia comiendo mejor, sintiéndose mejor, sintiendo que tiene oportunidades”.
Su manera de ayudar fue formalizándose como empresaria, haciendo que su negocio pagara impuestos, esa fue la forma que halló para comprometerse con el país.
“Tengo una conferencia que se llama ‘Emprender sin salir corriendo’, en ella explico cómo a los emprendedores se nos presentan situaciones que nunca en la vida habíamos viviendo. No digo que ser empleado sea más fácil, pero te llega la nómina y estás trabajando con la plata de otros. Tu bolsillo no se afecta. En un emprendimiento trabajas con tu plata y tus recursos, y te enfrentas a un grupo de personas que esperan que los guíes y que se alineen con tu filosofía y tus sueños”.
Montar a todos en el mismo bus es una fase complicada que Carolina supo sortear con un corazón y una coraza muy grandes.
Por Sebastián Aguirre para Q’HUBO Medellín.
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